Las golosinas para mascotas, un mercado que crece en Semana Santa


Hay bocaditos, aderezos, una línea light y otra gourmet. Hay huevos de Pascua y panes dulces, con gusto a carne, pollo o chocolate. Sentada en la mesa del domingo, la familia rompe un gran huevo de Pascua de un golpe seco. Los chicos se abalanzan sobre el chocolate y los confites mientras los más grandes hacen lo mismo con un poco de delicadeza. El perro –llámese Negro, Colita o Martín– se acerca hacia su ama, empuja con el hocico su codo y le rasguña una pierna pidiendo su porción de delicia. La mujer, en vez de escamotearle el dulce, saca de la cartera otro huevo de Pascua y se lo da entero. El animal se desarma en saltos y batimiento de cola, y los chicos miran con recelo. No es difícil imaginar la escena, ahora que las excentricidades para mascotas llegaron hasta la producción de huevos de Pascua o hasta panes dulces especiales para ellos. El mercado de las golosinas para animales domésticos va creciendo a la par de la humanización de los perros y gatos. “Lo que siempre quisimos fue sacar productos que la gente los relacione con lo que consume ella misma. A nivel mundial, las golosinas tienden a ser con sabores y formas específicas para el perro como panceta o jamón. Nosotros quisimos que el dueño le brinde lo mismo a su perro, pero específico para animales. Así pensamos los huevos y lo mismo con el pan dulce. Productos similares en cuanto a forma y tamaño a los que consumimos nosotros, pero con otro gusto”, explica Agustín Silvestre, uno de los responsables de Golocan, una fábrica argentina de golosinas que tiene su sede en Tres de Febrero, y desde 1994 produce y comercializa golosinas para perros y gatos. Los huevos tienen una masa semihúmeda marrón, con agregado de saborizante en chocolate que le da aroma, aunque tiene gusto a carne y grasas. Llevan florcitas y ribetes de colores, como todos, pero ni un gramo de azúcar ni cacao. “Está pensado para que al perro le guste, no le haga mal, y el dueño se sienta contento de compartir algo con su mascota. Y con el pan dulce pasa lo mismo: tiene aroma a pan dulce, harina de pan dulce, no tiene azúcar y tiene el agregado de harina de pollo”, comenta Silvestre. En Animalandia, un pet shop de Caballito, Mariano Boisseleau dice que este año vendió muchísimos huevos, unos 60 la semana previa a la Santa. Como no es el primer año que vende, sus clientes ya le iban preguntando “¿Te llegaron los huevitos?” para darles un gusto a sus mascotas. De todos modos, no hace falta la excusa de Pascuas para premiar a los perros y gatos. El mercado de golosinas va creciendo a medida que se modificaron las costumbres en torno de los animales, sobre todo en las grandes urbes. Así como hace 20 años las mascotas comían las sobras de las personas, se fueron acostumbrando a consumir alimento especial. Y en la última década, la idea de premiarlos con algo rico de vez en cuando empieza a ser incorporada por los fanáticos de sus animales. “A algunos cachorros para enseñarles a hacer sus necesidades se los premia. O algunos les dan un bocado cuando llegan a casa. Es un tema de los seres humanos, es como que coimeamos a los perros para que se pongan contentos cuando nos ven”, apunta Boisseleau. 

Justamente “premios” les llama Eukanuba a sus croquetas importadas para perros adultos, con gusto a pollo. En algunas veterinarias les ofrecen estos bocados a los perros cuando están en las camillas al momento de tratarlos, como una forma de ganarse al animal (cualquier similitud con los niños no es causalidad). Y así funcionan también las galletitas Cholitas, que vienen en sabor carne, queso y barbacoa, entre otros. Otras golosinas son barritas, bastones, caramelos, bombones de todos los gustos (los que pueden atraer a los animales, por supuesto: pescado, pollo, parrillada, queso). Cualquiera puede ser consumida también para calmar ansiedades caninas o gatunas. Aunque, dicen los expertos, los perros son los mejores candidatos para consumirlas, ya que no son tan selectivos como los gatos a la hora de llevarse cosas a la boca. “Las golosinas están hechas a base de productos naturales, harina de trigo o de pollo. Lo que tienen es la parte más atractiva del alimento balanceado: buenos saborizantes, proteínas, grasas”, dice Silvestre. ¿Lo que más venden? Bocaditos semihúmedos con la textura de la carne y con gusto a carne, pollo y chocolate. Fabio Caprov es licenciado en Comercio Internacional y uno de los titulares de Parrican, una fábrica argentina de golosinas que está ubicada en Sarandí. Allí empezaron ofreciendo golosinas de chorizo y morcillas allá por 2002 y ahora tienen tres líneas de productos: Cerealcan, la línea light, con infladitos de colores y granolas, con gusto a carne o pollo; Parrican, la línea más pesada, donde hay bocaditos de pollo, de carne, chorizos y bifecitos argentinos; y la línea gourmet, donde los productos –bocaditos y aderezos– son hechos a base de pollo y carne frescos, y condimentados por un chef gourmet. “Nuestro parámetro es el consumo humano. Nosotros nos basamos en que el producto tiene que ser semejante a lo que nosotros consumimos porque, según nuestro criterio, de la misma manera que a vos te gusta comer una buena carne, al perro también”, dice. Los bocados de las diferentes marcas cuestan desde un peso y medio hasta 14, dependiendo del producto y si se compra en unidad o en paquete. El mercado, dice Caprov, fue creciendo día a día, pero también es variable: “A las mascotas se les da más importancia, pero depende mucho siempre de cómo se sitúa el país a nivel económico, porque cuando la gente tiene poder adquisitivo gasta y a las mascotas las cuida mucho. Este no es un producto de primera necesidad”. Cuenta Carpov que cuando llega a su casa, después de un día arduo de trabajo, les regala golosinas a sus tres perras. Se desesperan, dice. Otra escena a la que habrá que acostumbrarse ahora que los animales son también sujetos de consumo.

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